María Marte se ha transformado en un mito que ilumina la historia de la gastronomía con una luz muy particular. En primer lugar porque logró el éxito en un mundo monopolizado por los hombres. Pero además, y muy especialmente, porque alcanzada la gloria abandona todo por una causa solidaria.

Es así que la prestigiosa chef es hoy un ícono de la mujer del siglo XXI.  En su persona se hace vivo el modelo femenino de la actualidad. ¿Cuál? El de la  mujer profesional, exitosa y preocupada por mejorar  la sociedad brindando oportunidades a los desfavorecidos.

¿Qué hace de esta destacada chef una persona tan nombrada en estos tiempos?

Su última decisión ha sido abandonar su brillante carrera gastronómica,  para instalarse en la República Dominicana, su país de nacimiento. ¿El motivo?  La solidaridad.

La vida de trabajo de María Marte

Nació en un pequeño pueblo de la República Dominicana. El restaurante fue  el ambiente en el que creció, su patio de juegos.  Su madre era pastelera y su padre cocinero en el único restaurante que había en su pueblo. A los ocho años ya trabajaba allí ayudando en lo que podía.

María Marte

Rodeada de cocinas, alimentos y aromas a especies, naturalmente desarrolló su amor por la gastronomía. Desde pequeña visitaba los huertos y miraba crecer las hortalizas. Las imaginaba combinándose en platos originales y estas imágenes poblaron su mente.  Así fue tejiendo su sueño, un sueño que siempre tuvo a la cocina como el palacio en donde ella reinaba.

A los 24 años, madre de tres hijos, emigró a España, donde se habían instalado ya su padre y su hijo mayor. Un sueño por cumplir, mucho sacrificio, una imponente tenacidad y la gran confianza en sí misma fueron los motores que impulsaron a esta incansable mujer.

Sus dos hijos pequeños habían quedado en su tierra natal. Seguramente en su corazón, María Mate intuía que en esa nueva vida fuera de su hogar encontraría un destino mejor para ella y para su familia.

Su historia en España comenzó como la de tantos inmigrantes, buscando aquí y allá alguna oportunidad.  En esa búsqueda se empleó en el  Club Allard como lavaplatos y limpiadora.

Un sueño, una realidad

No desaprovechó ni un minuto de su tiempo. Mientras realizaba sus tareas de limpieza en el Club Achard lo observaba todo. Su espíritu inquieto le fue revelando los misterios que el gran chef Diego Guerrero, dueño ya de dos estrellas Michelín, realizaba en su cocina.

El chef pronto reconoció en ella su saludable curiosidad y su  talento. Y el gran día llegó: se le encargó elaborar un plato. Fue una menestra de verduras. Dicen que la emoción y los sentimientos guían a los grandes maestros de la gastronomía. Quizá su niñez de huertos y hortalizas se hizo vida en ese plato. Lo cierto es que recibió los elogios de los clientes y del propio chef principal.

Ese fue el primer eslabón de una cadena de progreso, éxitos y alegrías para esta mujer que vivía casi el sueño de Cenicienta. Solo que aquí no hubo magia ni hadas madrinas ni príncipes enamorados; su camino estuvo marcado por el esfuerzo, trabajo y una gran capacidad.  El talento y el esfuerzo lograron la gran transformación, que se visualizó en una chaquetilla que le mostraba que su vida estaba cambiando.

De allí a la fama el camino fue corto. Ascendió a mano derecha de Diego Guerrero y lo sustituyó cuando este abandonó el restaurante. Y para coronar su éxito, el restaurante mantuvo las dos estrellas Michelin después de un año de actuar como chef principal. Su sueño se había cumplido.

La gran chef María Marte

María Marte

María Marte supo conservar la tendencia vanguardista que el famoso chef Diego Guerrero había impuesto en el Club Achard. Cuando asumió su rol de chef, María reivindicó la idea de la gastronomía que es mucho más que comida.

Creó tres menús diferentes, que respondían a diversidad de gustos de los comensales, llamados “Encuentro”, “Seducción” y “Revolución”.  Un actual formato de degustación en etapas los hizo dinámicos y amenos, especialmente adecuados a la agilidad del mundo moderno.

Las tres opciones incluían snacks, platos de entrada, pescado, carne, prepostres, postres y petit fours. El comensal vivía una experiencia gastronómica completa sugerida desde el principio hasta el final por la chef.

Su desempeño la hizo ganadora del Premio Nacional de Gastronomía a la Mejor Jefe de Cocina 2014. Ese mismo año fue galardonada como Mejor Chef en los Premios Club de gourmets.

María Marte encarnó, quizás sin proponérselo, al prototipo de la mujer del siglo XXI, empoderada y exitosa que se esfuerza y cumple sus metas.  Y para las amantes de la cocina abrió una ventana al “sí, se puede”.

María Marte solidaria

Agradecida con la vida y reconociendo que una ayuda a tiempo cambia el destino de las personas, María Marte tomó una decisión que asombró al mundo. Abandona el Club Allard que la vio crecer profesionalmente para volver a su tierra de nacimiento, a la República Dominicana.

Ha expresado que siente en su interior que es hora de parar. Satisfecha y feliz con sus logros profesionales entiende que es momento de volver a casa, a su familia, a sus hijos, a su intimidad.

Pero su corazón y su mente elaboran otro gran proyecto, una especie de carrera solidaria en la que espera tener el éxito que tuvo en la gastronómica. ¿A qué se dedicará María Marte?

Preocupada por las mujeres dominicanas más humildes, ha decidido dedicarse a enseñarles los secretos del arte culinario. Se trata de una escuela para cocineras; compartirá con ellas todo lo que ha aprendido y creado durante su vida como chef con la intención de abrirles una puerta a un futuro más generoso y feliz.

El proyecto comprende también actividades de difusión de cultivo y consumo de plantas autóctonas en peligro de extinción. La solidaridad y la preservación de la naturaleza, dos ingredientes que componen la nueva vida de María Marte.

Cuenta para ello con algunos recursos financieros personales, pero aspira a involucrar a los gobernantes y a la sociedad dominicana. Y seguramente lo logrará.  Su ejemplo de vida en sí mismo es pura enseñanza.

Fuentes de imágenes: Vanitatis – El Confidencial   /  La Voz de Galicia  /  Bon Viveur