La carta de postres es el broche que cierra la experiencia del comensal.  Es cierto que hay clientes que no consumen postres, porque no son propensos a lo dulce o porque ya han comido lo suficiente. Sin embargo, presentarle la carta de postres aun sin que la solicite,  es muy importante.  La sola visualización del menú dulce completa la imagen que el consumidor se lleva del restaurante. Y probablemente, se tiente y consuma.

Es necesario poner en valor la carta de postres del restaurante, cosa que no siempre se hace. Hay establecimientos que ni siquiera disponen de carta, y son los camareros quienes rápidamente presentan de viva voz los platos dulces disponibles.  En otros casos, la carta no luce y no tiene el mismo nivel que el resto de la oferta. Es como si el producto dulce fuera una cenicienta del restaurante que nunca llega al palacio. Y esto es un grave error.

Una carta de postres con estética cuidada, con un menú interesante, complementa el servicio. No importa si son muchos o pocos, sencillos o complejos los postres disponibles. Lo verdaderamente valioso es presentarlos como si fueran los mejores. La carta simboliza el concepto que el restaurante tiene de su menú, y por lo tanto, hay que mostrar que los postres también son excelentes.

El poder de la carta de postres

Una carta de postres bien elaborada, tanto en contenido como en estética, es un rasgo de diferenciación de la competencia.  Con ella se puede sorprender al cliente tanto al final de un almuerzo como de una cena. Además, es un buen recurso para aumentar la consumición del cliente y para vender más.   

Este concepto marcado por la  desvalorización de los postres,  trae como consecuencia que los postres en realidad no sean buenos. Si el gestor o el restaurador no le da importancia al plato dulce, no se preocupará por contar con personal especializado en pastelería.  Los postres quedan a la deriva, y el cocinero tampoco se esmera en ellos porque responde al criterio del restaurador. Es muy común que  lo salado sea la prioridad.

La importancia de tener buena carta de postres en tu restaurante

Para disponer de una buena carta de postres no es imprescindible contratar a un especialista. Un cocinero de escuela tiene formación como para asumir el área.  Basta con planificar bien el menú, organizarlo con el chef, investigar sus fortalezas en el área dulce, recuperar recetas y elegir algunos dulces variados, atractivos y, si es posible, originales.

Sugerencias para componer una buena carta de postres para el restaurante

Cuando llega la carta de postres, el cliente ya ha comido los platos anteriores. Quizás comenzó con un aperitivo, luego saboreó el primer plato, siguió con el segundo. Es así que en el momento en el que el camarero le entrega la carta de postres, su primera intención es rechazarla, porque ya no quiere comer más. 

Sin embargo, hay algunas condiciones que contribuyen al interés por el menú dulce:

El formato

El formato de la carta tiene que ser tan atractivo que invite a mirarla. Quizás una imagen especial, o un mensaje que conmueva y apele a buenas experiencias, motiven a abrir la carta y  repasar los postres disponibles.  En estos tiempos, se están usando mucho las cartas virtuales, que el cliente observa en su celular o en una pantalla que le proporciona el restaurante. Sea como sea, en papel o en pantalla, el diseño tiene que ser atractivo.  Debe evitarse la sobresaturación de colores y de imágenes, porque genera confusión. El comensal mira todo el conjunto, pero no distingue nada en especial.

Las imágenes

Las imágenes son fundamentales. La imagen impacta en el cerebro y provoca asociaciones con el sabor de lo que la imagen muestra. Y de esta manera se generan las ganas de comer.  Por tanto, las imágenes tienen que ser de gran calidad, pero a la vez realistas. No puede suceder que la fotografía muestre una cosa y cuando el plato llega a la mesa sea otra bien distinta.

La tipografía

La tipografía, el tamaño de las letras, también influye en la elección. Es conveniente destacar con letras más grandes y visibles los postres estrella. Si la carta tiene doble hoja, deben ir en la parte superior a la derecha. Hay una razón de orden psicológico que indica esta ubicación.  Está demostrado que esa zona, zona áurea, es una de las que más se fija cuando una persona mira una superficie.

Los nombres de los platos dulces

Los textos deben conmover. La mención de lo natural  provoca asociaciones con la salud y lo bueno. Una buena idea es acudir a las metáforas que siempre seducen. No se debe perder de vista que la visita a un restaurante es una suma de vivencias y de experiencias, y estas vivencias se preparan ya desde la lectura de la carta. En ese momento el comensal imagina las sensaciones, pues no solo come, sino que disfruta del momento.

El contenido

Es el corazón de la carta. De poco vale un diseño espectacular si los postres no son atractivos por sí mismos. El nivel de calidad y la sofisticación de los postres deben estar en consonancia con la categoría del restaurante. La oferta debe ser variada, para satisfacer todos los gustos y las dietas. Postres bajos en calorías, frescos, para personas con alergias, alguna opción sin gluten, deben integrarse a una buena carta. 

La carta de postres debe alinearse con el tipo de comida que se sirve en el restaurante. Si se trata de un restaurante que ofrece platos regionales, los postres también lo serán.

El  tiempo para conocer la carta

Es importante dejar la carta en poder del cliente algún tiempo sin la presencia del camarero. Si este permanece junto a la mesa, ejercerá involuntariamente cierta  presión sobre el cliente. El comensal inconscientemente sentirá que tiene que apurarse a mirarla para no demorar al camarero. Entonces, es muy probable que la devuelva con una negativa. Sin embargo, si tiene todo el tiempo disponible, aunque sea por curiosidad, observará la carta.

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