Las cartas del restaurante son una estratégica herramienta de marketing, si se aprovechan bien. El cliente pasa buen tiempo en contacto con ellas, mientras elige lo que comerá y lo que beberá.

Cuando el cliente tiene en sus manos la carta, su atención está concentrada en ella. Es tiempo de calidad en el que se sumerge en el restaurante que ha elegido. Y es el momento del marketing para el restaurante, y también para ofrecer el mejor producto.

Movido por la inquietud de lo que elegirá para comer y para beber, el comensal recorre lentamente las cartas. En ese tour anticipa los sabores y las sensaciones, mientras busca la propuesta que se ajuste a sus deseos en ese momento.

La importancia debida a las bebidas

Muchos restaurantes planifican bien la carta de platos que presentarán a sus clientes, pero a la bebida no siempre se le da la trascendencia debida. Diseños vistosos, fotografías de los alimentos y detalles en las explicaciones de ingredientes suelen atrapar a los clientes.

Pero parece que no se valora de la misma manera la carta de bebidas. Quizás se oculte detrás de esta actitud la idea de que la bebida acompaña a la comida, y por tanto la secunda.  Un concepto equivocado.

El cliente busca en el restaurante la experiencia completa. Va a comer, pero también a disfrutar de una bebida que le atraiga. Por tanto, una carta de bebidas que entusiasme seguramente venderá. Y no debe olvidarse que cada euro invertido por el restaurante en bebidas se duplica o triplica en la venta al público.

 

Sugerencias para componer la carta de bebidas

Dos aspectos son claves: la oferta y el diseño.  Ambos se complementan.

  • La propuesta

 El primer paso para crear una carta de bebidas será definir lo que ofrecerá el restaurante.  El conocimiento del público objetivo será un buen punto de referencia.

  • Si es un restaurante clásico, cuyos clientes son consumidores de buenos vinos, la carta deberá atender a esa exigencia. Lo aconsejable son los vinos adecuados a los platos del menú.
  • Los amantes de los buenos vinos disfrutan de los datos sobre la denominación de origen, la región, la añada, la uva y la bodega en la que se han producido. Hay personas que eligen el restaurante atendiendo a su carta de vinos. 
  • Si se trata de un restaurante destinado a un público más informal, los cocteles pueden ser los protagonistas. Margaritas, Dry Martinis, Mojitos, Manhattan, Cosmopolitan, son cocteles clásicos que no pueden faltar.
  • Los cócteles sin alcohol, son en estos tiempos también muy solicitados. Zumos de frutas e infusiones se presentan como una oferta diferente y atractiva. En caso de que el restaurante disponga de un experto, las propuestas se multiplicarán. Los cocteles pueden volverse una fortaleza que convoque a muchos clientes.
  • En todos los casos, cualquier carta de bebidas debe ser diversa, de modo que cada persona encuentre algo que le agrade. No pueden faltar las bebidas refrescantes sin alcohol, especialmente si es un ambiente familiar al que asisten niños. Los smoothies, batidos de yogur y frutas de estación, son sencillos en sus preparaciones, no necesitan a un especialista y siempre son bienvenidos.
  • El diseño

Una buena propuesta necesita cierto marketing. Si la oferta es excelente y diversa, pero los clientes no llegan a conocerla, seguramente no se concretará el consumo. Una carta de bebidas bien diseñada, será un escaparate que provocará las ganas de disfrutar de esos productos.

  • ¿En la carta se informa o se influye? Es esta una pregunta que es bueno formularse, porque de la respuesta surgirá la idea del diseño. La carta de bebidas tiene como objetivo vender bebidas.
  • El objetivo es influir, provocar el deseo de consumir. Las fotografías y los cambios de tipografía son herramientas necesarias; la información está al servicio de esa conquista. Por tanto, debe ser breve y muy concreta, solo hacen falta pocas palabras.
  • La misión de la carta de bebidas es seducir, conquistar, tentar con cada imagen y con cada palabra. El español es rico en palabras que tienen connotaciones muy positivas: fresco, sabor, frutal, y otras tantas que provocan sensaciones disfrutables. Las imágenes y las palabras tienen que aludir a los gustos y necesidades de los clientes.

Una carta de bebidas no es eterna, no se compone de una vez y para siempre. Debe estar viva, debe ajustarse a las temporadas, a las estaciones y a las tendencias.