Pocas veces el mundo gastronómico ha hablado tanto de una persona tan joven. Y es que Flynn McGarry se ha convertido en el centro de controvertidas polémicas. Con tan solo 19 años, está marcando presencia en Manhattan con una cocina que sorprende.

Su juventud es su principal obstáculo. Quizás esto se deba a que no es fácil para las generaciones adultas depositar confianza en un adolescente. Un poco cansado de que se hable de él como de “el chef adolescente”, Flynn McGarry hace oídos sordos a la desconfianza y avanza sin parar.

El comienzo de una gran pasión

Desde niño Flynn estuvo decidido a ser chef. Su experiencia empezó en la casa familiar; cuando tenía diez años, decidió comprar un libro de cocina para renovar el aburrido menú que preparaban sus padres.

Eligió The French Laundry Cookbook, de Thomas Keller.  Este libro lo motivó.  Adquirió los conocimientos básicos y su mente despertó a ese mundo gastronómico que lo atrapó.

A partir de entonces, las recetas y las preparaciones fueron su entretenimiento preferido. Un adolescente que, lejos de las patinetas, guitarras o tablas de surf, encontró en la cocina un mundo mágico y apasionante.

Durmiendo en la cocina

La mayor parte de los adolescentes ambienta su habitación con imágenes de motocicletas, autos o deportistas famosos. Flynn McGarry la transformó en una cocina. Replicó modelos que descubrió en Youtube.

Tenía solo trece años cuando instaló una especie de club gourmet, el Eureka, en la casa de sus padres. Allí, los amigos de la familia y otros osados y curiosos degustaban las creaciones de Flyn. Había ideado un menú de doce platos que causó sensación en su entorno cercano.

El espíritu empresarial ya estaba presente en el joven chef. Sus menús en su club-hogar no eran gratis, rondaban los ciento sesenta euros por comensal. La unión de talento y empresa estaba marcando entonces su camino.

Puede decirse que así comenzó todo. Luego ingresó como aprendiz en el Ray’s & Stark Bar de Los Ángeles y trabajó periódicamente con el exitoso chef Grant Achazt.  Poco tiempo después, integraba el staff de Daniel Humm, el mejor cheff del mundo.

Nace el Gem

Pero como sucede con todos los grandes, Flynn McGarry necesitaba su propio espacio. Anhelaba su propio reino, un restaurante en el que él fuera dueño y señor de la cocina.

Su extraordinario empuje y la confianza en sí mismo permitieron que por fin su sueño se hiciera realidad. En el barrio de Manhattan en el que se encuentra más del noventa por ciento de los buenos restaurantes neoyorkinos, abrió el Gem.

Para instalarlo, recurrió a inversores externos, pues no disponía del dinero necesario y sus padres no lo acompañaron en esta empresa. Pero vendió bien su idea y entusiasmó a algunos inversores. Quizás quienes lo apoyaron vieron en él una oportunidad económica. Tal vez, decidieron impulsar a este joven que mostraba al mundo que a los diecinueve años los sueños pueden hacerse realidad.

¿Cómo funciona el restaurante-reino de Flynn?

Un restaurante a nivel de los mejores del mundo. Dos espacios con diseños y objetivos diferentes integran el lugar. Una sala para café permite disfrutar del pan de batata y de las magdalenas con moras, especialidades del chef.

El salón comedor es el ambiente principal en donde la magia de Flynn McGarry tiene lugar.  En él, el menú de doce a quince platos, cuyo costo es de 155 dólares, materializa las ideas del joven chef e impacta.

¿En qué consiste el menú? Algunas de sus propuestas son:

  • Ritz cracker de cacahuete con foie gras, plato que se ha convertido en su emblema.
  • Un bocadillo de repollo crudo, pan, piñones y semilla de mostaza.
  • Cangrejo con puerro y pomelo.
  • Ostiones con tofu fresco.
  • Verdel confitado, con pepino a la parrilla y vinagreta de ciruela confitada.
  • Trucha oceánica ahumada con berros y crème fraîche.
  • Cordero asado con sidra de manzana y cebolla.
  • Patatas al yogur.
  • Ensalada tibia de calamar, endibias, almendras y ajo.
  • Remolacha con salda de nata y limón.
  • Preparaciones varias con quinoto, mandarina, yuzu, naranjas y peras.
  • Pastel de nata caramelizada.

Un extraordinario vergel gastronómico concebido con la idea de un plato central, mucha verdura, algo de marisco  y varios postres.  El servicio se presenta en dos turnos: a las seis y a las nueve.

Una fresca novedad: los comensales comienzan su cena en el comedor y terminan en la cocina. Es una innovación con muy buena acogida, que ha recibido la aprobación de todos. El intercambio del público con los cocineros y con el chef principal, es un plus que permite una experiencia muy valorada por los clientes.

¿Cuál es la visión de futuro de Flyn McGarry?                               

Él mismo lo ha dicho:

“No pienso en premios, ni estrellas Michelin. Intento centrarme ahora en el restaurante. Quiero que la gente venga y coma a gusto. Intento no pensar mucho en el resto”.

Y con esta meta mueve su talento y su espíritu inquieto. El Gem se ha convertido en lo nuevo para conocer por los amantes de la gastronomía. Y las novedades siempre atraen al público neoyorkino.

Con el ambiente humano juvenil en el que se mueve, ninguno de sus ayudantes tiene más de veintiséis años, la adrenalina es un ingrediente siempre presente. El espíritu aventurero y la confianza en sí mismo lo impulsan a probar y a innovar. Es seguro que si una idea no funciona habrá otra que resultará. Este rasgo es su seña de identidad, que genera un estilo que cambia constantemente.

 

Fuente de imágenes: Grub Street  /   Forbes  /  Metro US