El consumo excesivo de grasas está asociado con el riesgo de enfermedades, especialmente cardiovasculares. La Organización Mundial de la Salud ha hecho una llamada al mundo para solucionar este problema.

Por su repercusión en la salud y con metas sanitarias de reducción de enfermedades, la Unión Europea está trabajando en este asunto. En este sentido, se ha ido regulando la reducción de grasas para alimentos procesados.

La nueva legislación ya está aprobada y entrará en vigencia el  2 de abril de 2021. El objetivo es reducir las grasas trans, que son las que afectan más a la salud. Se establece que los alimentos no podrán contener más de dos gramos de grasas trans por cada 100 gramos de materias grasas.

¿Cuál es la situación actual? Los niños primero

alimentos procesados

El problema de las grasas para la salud es ocasionado por las grasas trans. ¿Qué son? Estos lípidos resultan de las transformaciones industriales de aceites vegetales. Si bien con estos procesos se mejora el sabor, la textura y la duración de los productos, su consumo continuado afecta a la salud.

Por tanto, son las grasas trans las que se deben evitar y a ellas se orienta la legislación. No es fácil comprar un producto que no tenga grasas trans. Está oculta en galletas, pizzas congeladas, bollería industrial, mantecas y margarinas, conservas, etc.

Actualmente, no hay disposición alguna que establezca que debe anunciarse en el envase la presencia de estas grasas. Por lo tanto, el restaurante las usa en la cocina y las personas en sus hogares.

La reglamentación solo atiende a la presencia de grasas trans en los alimentos específicos para lactantes.  La norma europea vigente hasta el momento,  establece que la cantidad de grasas trans no puede ser superior a 3% del total de materia grasa del producto.

En las nuevas directivas procedentes de la normativa comunitaria europea, el porcentaje baja a 2% y se extiende a todos los alimentos. Se trata de cuidar la salud de los niños y de los adultos.

Reducción de grasas para los alimentos procesados: impacto en la UE

Conformes y desconformes, esa es la situación que se ha generado en la opinión pública. En general, la desconformidad no es por la medida, sino por los plazos. Demasiada espera, dicen algunos. ¿Por qué esperar hasta el 2021? Entienden que dos años es mucho tiempo para temas de salud.

Las estadísticas muestran que las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte en Europa. Las organizaciones que vienen luchando por esta medida, consideran que no tiene sentido tanta demora.

Incluso circulan rumores de que la Unión Europea ha potenciado de forma intencionada las discusiones.  Encuentran un propósito oculto en retardar  el cambio para que sea efectiva la medida de menos grasas para alimentos procesados.

También hay que considerar, en este ámbito, las ideas de los industriales. De hecho, la resolución aterriza en las fábricas, en las industrias. Allí es donde se concreta la medida.

Las ‘recetas’ y los  ingredientes deben ser repensados. Las máquinas y la capacitación de empleados también inciden en la aplicación de la disposición de menos grasas para alimentos procesados.  Un cambio de esta naturaleza supone modificaciones de procesos industriales. Se requiere planificación e inversión. Y el tiempo es necesario.

Varios países occidentales ya están trabajando con la idea de menos grasas para los alimentos procesados. No ocurre lo mismo con Europa del Este, que, probablemente, requiera de todo el plazo para ponerse en marcha.

La actualización de la reglamentación era necesaria, y  esto nadie lo niega. Las polémicas y controversias que están surgiendo son las propias de cambios que impactan en la economía y en la salud.