La dieta planetaria es un modelo alimentario presentado e impulsado por la Comisión EAT-Lancet. Esta comisión es una iniciativa de la revista científica The Lancet y está integrada por 37 investigadores, de diferentes disciplinas, reconocidos a nivel mundial.

Se trata básicamente de llegar a un acuerdo sobre lo que es una dieta saludable y sostenible para las personas y para el planeta. El objetivo principal de esta dieta planetaria es salvar vidas y salvar a la Tierra.

Para estos científicos, el gran desafío es que la población mundial pueda tener una dieta saludable basada en sistemas alimentarios sostenibles, lo más pronto posible. A continuación, veremos algunos elementos para entender mejor en qué consiste la dieta planetaria.

El proyecto EAT-Lancet

La Comisión EAT-Lancet es una de las iniciativas en materia de alimentación llevadas a cabo por la revista científica The Lancet en colaboración con la organización sin fines de lucro EAT.

En este proyecto trabajan 37 investigadores de diferentes disciplinas, desde la agricultura hasta el cambio climático y la nutrición. Su principal objetivo es definir una dieta saludable a partir de un sistema alimentario sostenible.

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Los primeros trabajos realizados por este grupo de investigadores ya han dado algunos resultados. Se ha publicado una revisión científica sobre cómo debería ser esta dieta planetaria y las acciones que se pueden llevar a cabo para respaldarla e implementarla lo más pronto posible.

Se la ha denominado dieta planetaria por ser justamente una dieta pensada en la salud de la población y del planeta. Para poder poner en práctica esta dieta es necesario aplicar una serie de medidas para transformar profundamente el sistema alimentario.

Por qué debemos cambiar el actual sistema de alimentación

Nuestro actual sistema de alimentación es uno de los principales causantes de las emisiones de gases que provocan el efecto invernadero. También es uno de los principales consumidores de agua dulce, uno de los mayores causantes de la pérdida de biodiversidad, entre otras cosas muy perjudiciales para el planeta.

Al mismo tiempo, la dieta poco saludable producto del actual sistema de alimentación provoca muchos problemas de salud en las personas, e incluso es la causa de muchas muertes. Es un factor determinante en la aparición de enfermedades cardiovasculares, la diabetes y el cáncer.

Con esta doble evidencia de que el sistema de alimentación actual está perjudicando seriamente la salud del planeta y de los seres humanos, ha surgido la necesidad de fomentar un cambio profundo. Es indispensable trabajar en la creación de un sistema de producción alimentaria sostenible que permita mantener una dieta saludable.

Es necesario un cambio global, tanto en la dieta como en la producción de los alimentos. Actualmente, 3.000 millones de personas sufren de desnutrición en el planeta y la producción de alimentos no está respetando los objetivos ambientales.

Está previsto que para el año 2050 la población mundial alcance los 10.000 millones de personas. Y con ese crecimiento, no podemos mantener los hábitos de alimentación actuales y el sistema de producción. Si lo hacemos los riesgos para la salud y para el planeta serán enormes.

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Cómo es la dieta planetaria

La dieta planetaria debe estar compuesta fundamentalmente por frutas, verduras, legumbres, granos, nueces y aceites insaturados. También incluye una cantidad moderada de pescado, carnes blancas y una cantidad muy pequeña o nula de carnes rojas. Los azúcares añadidos, los granos refinados y los vegetales con almidón como la yuca deberán ser eliminados.

Es decir, que para seguir las recomendaciones de esta dieta planetaria se puede comer carne roja o pollo un par de veces a la semana, pero no más. El resto de la dieta, incluidas las proteínas deberá provenir fundamentalmente de las plantas. Es por eso que se debe incluir una buena cantidad de nueces y legumbres como garbanzos, lentejas o frijoles todos los días.

Esta dieta recomienda una ingesta diaria de 2 500 calorías, lo cual es un poco más de lo que se consume actualmente en promedio. Sin embargo, la tarea no será fácil ya que supone cambios sustanciales en los hábitos globales de consumo.

El consumo de carnes rojas y azúcares debe disminuir en un 50 % y la ingesta de nueces, frutas, verduras y legumbres debe duplicarse.

Estrategias para cambiar el sistema de alimentación a la dieta planetaria

Muchos expertos son escépticos sobre la posibilidad real de cambiar el sistema alimentario mundial. Este plan requiere cambios radicales en casi todos los rincones del planeta. Es algo que no se ha hecho nunca antes; no implica solo un cambio en los hábitos de consumo, sino también en la producción de alimentos.

Una de las estrategias planteadas ha sido la de los subsidios. En efecto, para que se pueda disminuir el consumo de carne, por ejemplo, es necesario dejar de producirla y de promover su consumo como ocurre actualmente.

Otro factor que ayudaría también es la eliminación de los subsidios a la pesquería mundial, que provocan una excesiva capacidad de la flota pesquera.

Entre las estrategias que se ha sugerido está de incentivar a los agricultores a diversificar sus cultivos. Se trata de que reemplacen las grandes cantidades de un solo cultivo por pequeñas cantidades de cultivos diversos y nutritivos. Pero además será necesario garantizar que los alimentos saludables sean accesibles a toda la población.

Un elemento fundamental para este cambio es mejorar las prácticas agrícolas. Se debe fomentar por una parte una agricultura que de prioridad a los alimentos más saludables.

También es necesario impulsar una revolución agrícola basada en impulsar la sostenibilidad y la innovación. Esto implica optimizar el uso de las tierras de cultivo para mejorar el uso del agua y los fertilizantes y para permitir la redistribución del uso mundial del nitrógeno y del fósforo.

Finalmente, reducir el desperdicio alimentario por lo menos en un 50 % es una condición indispensable para poder llevar a cabo este cambio en el sistema de alimentación y de producción alimentaria. Esta reducción del desperdicio debe realizarse en todos los eslabones de la cadena alimentaria, desde la cosecha hasta el consumidor final.