La era digital había creado el entorno adecuado, como anticipándose a lo que vendría. Y acomodándose a los tiempos, el mundo estaba viviendo el paso a paso, lento y distendido, de la digitalización. Pero el coronavirus aceleró los procesos, y es preciso caminar más rápido para sobrevivir.

El aislamiento social alejó los cuerpos de clientes de diferentes negocios, pero la posibilidad de los contactos a distancia mantuvo vivas las relaciones, los vínculos, las comunicaciones, el sistema comercial. Y esto fue posible por internet y los dispositivos digitales.

Una de las consecuencias de la pandemia es, precisamente, la adquisición de hábitos digitales por parte de los consumidores.    Y los estudios lo confirman.  Hábitos que surgieron de la necesidad ante la urgencia y la situación, que se han ido internalizando, mostrando sus ventajas. Hábitos que, seguramente, permanecerán en la nueva realidad.

El coronavirus y los hábitos de los consumidores

El coronavirus provoca un tsunami en el sistema comercial tradicional. Se conmovieron las estructuras, cerraron tiendas, restaurantes e innumerables negocios. También se encerraron los consumidores. Y ya no fue posible salir a comprar, pero tampoco fue posible dejar de consumir. La gente necesitaba comer, vestirse, comprar artículos de limpieza y de farmacia. De esta forma, los hábitos de compras por internet se consolidaron.

Las personas que todavía no lo habían hecho, descubrieron que comprar por internet es una forma  cómoda y práctica de comprar, Y también descubrieron que si se toman las debidas precauciones, es un camino seguro.  Los pc, tabletas y Smartphone se volvieron las herramientas perfectas para las operaciones comerciales.

La sociedad se vuelve dependiente de la tecnología y utilizándola, logra satisfacer sus necesidades y recuperar el control en tiempos de coronavirus. Las personas comenzaron a sentir que los dispositivos tecnológicos e internet les hacen la vida más fácil.

Restaurantes y coronavirus

Menos presencia y mayor digitalización

A medida que el tiempo de aislamiento se incrementó, las personas aumentaron también sus demandas de servicio a domicilio. La gente compró todo lo que se puede comprar y recibir por internet. Las aplicaciones de venta y distribución se potenciaron y la gente confió  en ellas.

Este voto de confianza fue clave para que los hábitos digitales se afianzaran. No era necesario estar presente en un local para ver, comparar, preguntar, comprar, pagar, recibir. Todo se hizo desde la comodidad de la casa o de la oficina.

Se produjo un aumento de la conectividad en el mundo y  las mensajerías tuvieron una escalada de casi un 80%. La música, las plataformas de streaming y de  gaming se han incrementado en un 50%.

El consumo en todas sus formas se canalizó por los canales digitales. La tecnología permitió que el coronavirus no detuviera del todo al mundo y que el comercio continuara. Y mantuvo el ánimo de las personas, especialmente de los comerciantes que se reinventaron para sobrevivir.

Impacto de los nuevos hábitos de consumo digital en el sector empresarial

Los supermercados y tiendas online incrementaron sus ventas, y aquellos negocios que no se instalaron en los medios digitales, fueron apagándose.  Las compañías que ya habían avanzado en sus procesos de transformación digital, se encontraron mejor preparadas para  afrontar este desafío.  Y las que no lo habían hecho, entendieron que no podían esperar más.

Las empresas tuvieron que subirse a la ola digital. Los restaurantes que decidieron mantenerse en actividad, se transformaron en cocinas con deliverys y desarrollaron sus bases digitales.   El coronavirus obligó a mantener presencia en webs, en las redes sociales, y, en general en el mundo de internet.  No pertenecer a ese mundo es morir, es decir, cerrar el negocio.

Los hábitos de consumo han cambiado tanto que nadie puede quedarse esperando a que los clientes lleguen al local, como lo hacían antes.  La digitalización es, en la actualidad, una  herramienta de supervivencia. Y todo parece anunciar que esta realidad se mantendrá, porque el sistema resultó cómodo y generó confianza.

Digital marketing

¿Cómo se manejaron las compras en el hogar con el coronavirus?

La incertidumbre y la desinformación causan inquietud y nadie sabe cuánto iba a durar la pandemia, cómo afectará a las producciones y las posibilidades de comprar. Así que están apareciendo tendencias que marcaron el consumo.

Una de ellas es el aplazamiento de compras que implicaban un gran desembolso de dinero. El coronavirus provocó que las personas se preocuparan por comprar mucha cantidad de lo imprescindible. Por eso, la alimentación, limpieza, droguería y farmacia están siendo los sectores que más se ponen en marcha.  

No está habiendo fiestas ni salidas a eventos sociales. El teletrabajo viste de sport cómodo a las personas. Esta situación hizo que la gente no comprara ropa, no la necesitaba. Los centros de estética también sufrieron mucho el coronavirus, pues ni siquiera pudieron integrarse a la digitalización de las ventas.

Economizar parece ser la consigna, pues nadie sabe a ciencia cierta qué le depararía el futuro. Mucha gente está perdiendo su trabajo y aun los que tienen recursos suficientes, padecen del temor a la carencia. 

El confinamiento dispuesto por los gobiernos acerca a las personas a la tecnología. Los dispositivos se conviernten en tiendas. Y la gente descubrió que, sin riesgos, sin tener que moverse de la seguridad de su casa, también puede abastecerse. 

¿Qué esperan los consumidores digitales de las empresas?

Las personas necesitan de la cercanía de las tiendas y negocios a los que compran. Demandan personalización, la misma que tenían en tiempos de presencia en el local.  Esperan que si preguntan, alguien les responda, y que ese ‘alguien’ tenga un nombre y hasta una imagen.

El consumidor digital quiere ver que es restaurante o esa tienda que está del otro lado de la pantalla, lo cuida y se preocupa por él. La emoción y la necesidad de afecto y de ser tratado como humano, tiñe las relaciones comerciales en tiempos de coronavirus.

La idea es que la máquina, el dispositivo e internet, son solo medios que unen personas. Y ese es el gran desafío de las empresas que esperan satisfacer a los consumidores digitales.  Conseguir vínculos humanos y afectivos a través de internet requiere de creatividad y de estrategia.

El coronavirus no ha transformado a las personas en robots, nada de eso. Todo lo contrario, ha potenciado la emotividad. Este es un factor fundamental que debe tener en cuenta una empresa que atiende a consumidores digitales.