En invierno o en verano, un restaurante es mucho más que un sitio para comer y compartir con amigos o familiares. Para algunos clientes es un refugio para protegerse de las extremas condiciones ambientales de cada temporada. Por ello, además de una variada y elevada oferta culinaria, estos locales deben ofrecer un espacio agradable y cómodo. De ahí la importancia de contar con sistemas de calefacción y climatización eficientes.

El consumo energético que requiere mantener la temperatura adecuada para el disfrute de los comensales es generalmente alto. En ocasiones, puede representar más del 50% del importe reflejado en las facturas de electricidad o gas.

Optimizar, sin prescindir de la calidad, siempre es el objetivo a lograr. No solo los visitantes asiduos o eventuales esperan disfrutar de un espacio agradable. Es algo con lo que también deben contar cocineros, mesoneros, bármanes, sibaritas y demás miembros del personal. Después de todo, para poder ofrecer buen servicio, las condiciones laborales deben ser las mejores.

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Particularidades propias de un restaurante

Los sistemas de calefacción y climatización de bares y restaurantes deben atender particularidades propias de este tipo de negocios. Desde el tráfico constante de clientes, lo que implica en ocasiones mantener siempre las puertas abiertas. Hasta el área de la cocina, espacio que representa una fuente de calor permanente, además de generar una serie de aromas que pueden fácilmente esparcirse en espacios cerrados.

El tamaño y la distribución de cada local determinarán el tipo de equipo a emplear. Influye lo cerca que esté el área de mesas se encuentren los hornos y las hornillas. Cuanto más separadas estas zonas, la potencia será menor y se necesitarán menos unidades individuales.

La temperatura ideal

Entre 20 y 23 °C es el clima idóneo para el interior de un restaurante. Para mantener estos estándares al menor coste posible, hay una serie de medidas a tomar. Si bien algunas pueden representar gastos puntuales de relevancia, a la larga el ahorro será superior a la inversión inicial.

Además de que no se pondrá en riesgo la calidad del servicio ofrecido, la experiencia gastronómica es siempre integral. Para cualquier comensal, visitar un establecimiento que mantenga temperaturas amigables, es una de las prioridades.

Local blindado

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Para mantener la temperatura acorde al menor coste energético, es fundamental evitar las fugas. La misión no solo es evitar que el calor o el frío del exterior invadan el espacio del restaurante; igual de importante es que la calidez del aire del interior tampoco se escape.

En este sentido, contar con paredes aisladas, capaces de repeler el invierno que se respira a cielo abierto, es tan esencial como contar con sistemas de calefacción. Es matemática simple: cuanto menos protegido a los rigores de la intemperie esté el local, mayor será la exigencia de los equipos de climatización, lo que se traduce en mayor consumo energético.

Especial atención debe prestarse a las ventanas. Cualquier grieta, por mínima que sea, al igual que bordes que no queden herméticamente sellados, dará lugar a pérdidas de aire cálido, así como a la entrada de corrientes frías que entorpecerán el trabajo de la calefacción. Lo que también implica mayor potencia y una factura más elevada.

Los sistemas de calefacción también se vuelven obsoletos

El tiempo pasa, nadie puede evitarlo. Si bien algunos fabricantes han abusado de la caducidad de sus productos para estimular un consumo constante, todo tiene fecha de expiración.

Por otra parte, las nuevas tecnologías han venido acompañadas por mejoras importantes. Sistemas optimizados que ofrecen rendimientos muy superiores, con gastos energéticos mucho menores.

“Lo barato sale caro”

Hoy día nadie cuestiona la veracidad de esta frase. Sobre todo cuando en ocasiones también se demuestra que lo más oneroso puede resultar en mayor ahorro. Este hecho, aparentemente paradójico, es lo que termina ocurriendo con aquellos locales que apuestan por instalaciones como las calderas de condensación de bajas temperaturas.

Si bien la inversión para adquirir este tipo de equipos será dos veces superior respecto a los sistemas convencionales, consumen en promedio hasta 25% menos energía. Lo que implica que, en un lapso no superior a ocho años, el “sobreprecio” será recuperado. Justo cuando la vida útil de la que gozan este tipo de instalaciones va apenas por la mitad.

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Mantenimiento preventivo y oportuno

No es ningún secreto. Para que cualquier equipo funcione adecuadamente, el mantenimiento rutinario es un aspecto insalvable. Se trata de una máxima que se aplica sin atenuantes con sistemas de calefacción y climatización.

Tareas tan simples como limpiar todos los engranajes y los conductos, permitirán un mejor aprovechamiento del equipo. Lo que a su vez se transforma en sinónimo de menor consumo de energía y mayor ahorro.

Sin dejar de mencionar el factor higiénico, un restaurante es un área que siempre debe garantizar los más altos estándares de aseo e higiene. Los conductos y tuberías de estos sistemas pueden convertirse en refugio de toda clase de agentes contaminantes si no se purifican constantemente.

En invierno hay que aprovechar las horas de sol

No son abundantes, pero las hay. Para mantener la temperatura, sin tener que recurrir a la máxima potencia de la calefacción (al menos no de forma permanente y exclusiva), la mejor opción es permitir la entrada de los rayos solares.

Por ello, si se dispone de un local con grandes ventanales, una buena recomendación es correr las cortinas al máximo durante los días de invierno.

La optimización de todos los elementos y sistemas de calefacción en tu restaurante, puede originar un incremento de los ingresos y del número de clientes.