Desde el surgimiento de la pandemia, nadie sabía a ciencia cierta cómo afectaría al mundo.  El coronavirus se adueñó de las personas, las encerró, les cambió la vida. Aniquiló las economías y mostró que todos los países eran igualmente vulnerables. Desde el primer momento, la relación coronavirus y restaurantes fue de enemistad absoluta

Lo normal dejó de serlo y la realidad cambió y pasó a ser una ‘nueva normalidad’. La actividad gastronómica y hostelera, en general, fue la primera en detenerse y es la última en ponerse en marcha.

Desde el inicio, la experiencia demostró que el virus se mueve y se contagia por el contacto entre las personas. La concentración de gente en espacios cerrados es considerada la principal vía de contagio.  Por lo tanto, se decretó el cierre de los lugares que convocaban al encuentro de personas, entre ellos los establecimientos gastronómicos.

La vida siguió su curso, muchos restauradores abandonaron sus emprendimientos, otros se reconvirtieron para sobrevivir. Y por fin, llegó la desescalada y la luz de esperanza. Una luz tenue, que poco duró. El virus está regresando, hay nuevos brotes, y otra vez está en el tapete el asunto del coronavirus y restaurantes.  

Coronavirus y restaurantes

Coronavirus y restaurantes: brotes y sus consecuencias

Los brotes siguen apareciendo y aniquilan las esperanzas de que el verano y las altas temperaturas traerían un alivio. El turismo se replegó, y lo mismo ocurrió con el movimiento interno.

La comunidad de Madrid sigue reconociendo brotes, la mayor parte de los cuales están asociados a establecimientos de ocio. Los contagios vuelven a alcanzar cifras alarmantes en España. Más del 40% ocurren en Madrid, y le sigue el País Vasco. Precisamente, dos comunidades en las que la restauración pesa y mucho.

En Chipiona, el restaurante ‘Los Corrales’ se vio obligado a cerrar tras detectarse que dos trabajadores eran Covid positivos.  Chipiona se había destacado por ser un municipio ejemplar en la puesta en marcha de medidas contra el Covid-19. Su playa fue portada de periódicos nacionales e internacionales, como ‘playa segura’. Pero el Covid no perdona. Nadie está seguro.

En Madrid un bar de copas fue centro de contagios. En Cala Rajada en Mallorca han surgido también algunos brotes que afectan a trabajadores turísticos.  En Baleares están apareciendo muchos más brotes, que se suman a la situación preocupante en Cataluña y en Aragón. Y así a diario se suman  lugares y locales.

Las reacciones frente a los brotes de coronavirus

Ante esta situación, el gobierno hace una llamada para aplicar estrictamente las medidas de prevención.  Los dos metros de distancia, evitar las aglomeraciones, la desinfección de superficies y manos, siguen siendo las medidas sugeridas.

Por su parte, los empresarios de la hostelería en España estiman que cerrarán más de 65.000 bares y restaurantes. Casi un millón de personas quedarán sin empleo, lo que supone un dato catastrófico para la economía del país y para la vida de los afectados.

Coronavirus y restaurantes

Una llamada a gritos para sostener el sector

Las asociaciones hoteleras piden que se amplíen las coberturas para proteger el empleo de los trabajadores y autónomos.  Consideran que las comunidades autónomas deben reforzar el sistema y sostenerlo. Reclaman reinstalar e incrementar las medidas existentes en el período de alarma.

Además de los que han cerrado, los locales que aún mantienen sus puertas abiertas, están sin público. El miedo ha retornado, y las personas no salen.   Y los que lo hacen, no quieren entrar a los locales. Por más que se asegure la higiene, la desinfección y el aforo que marcan las normas, la gente prefiere quedarse fuera del establecimiento.

El verano que prometía ser salvador, en realidad juega una mala pasada a los restaurantes. Las altas temperaturas limitan el aprovechamiento de terrazas, patios y espacios a cielo abierto.  Es imposible pretender que la gente se instale al aire libre durante el día, y ni siquiera en la noche.  

Un cambio en las tendencias: el coronavirus y los jóvenes

Los nuevos brotes parecen impactar con fuerza en los jóvenes. Han aumentado mucho los casos de menores de 40 años. Se atribuye esta situación a que los jóvenes se cuidan menos, previenen menos. Se detecta un relajamiento de conductas, como no llevar mascarilla y no ajustarse al distanciamiento social.   Han vuelto a sus reuniones y a la diversión. A falta de centros nocturnos habilitados, se adaptan a otros locales o incluso en sus propias viviendas.

Se insiste en las restricciones

Las autoridades gubernamentales y de la salud insisten en las medidas restrictivas y han decidido enfatizar las medidas de control. Y si bien no se habla de cerrar puertas, parece estar latente la idea de volver a la cuarentena obligatoria si los brotes se incrementan.

Por su parte, en la Asociación de Empresarios de Ocio Nocturno de la Comunidad de Madrid, han propuesto algunas medidas para mantenerse en actividad. Una de ellas es la puesta en marcha de los Registros Sanitarios Digitales para identificar al público. De este modo, se puede manejar la trazabilidad y el seguimiento de la enfermedad en caso de detectarse algún infectado.  Y dejan muy claro que, para ellos, la opción no es cerrar.

Coronavirus y restaurantes: ¿los rebrotes serán la puñalada mortal?

La incertidumbre no tiene fin y por el momento, no hay luz en el horizonte. El mundo espera con ansiedad las vacunas, de las que ya se habla mucho. Pero, mientras, es necesario seguir remando para que el coronavirus no sea el gran triunfador en esta guerra.

El Ministerio de Sanidad ha publicado una serie de recomendaciones para restaurantes y para bares en estos tiempos de rebrote del coronavirus.  Insisten en las medidas de siempre, y reclaman que se cumplan estrictamente.  El aforo, el distanciamiento social, la higiene y desinfección, deben extremarse.  

Los trabajadores están preocupados, porque  a partir de setiembre comienzan a caducar los ERTE que los mantenía en condición de desempleo  transitorio y no de desvinculación definitiva.  Y tampoco se puede decir que estos expedientes se hayan cobrado en dinero por los trabajadores, al menos no en la mayoría de los casos.

El equilibrio entre salud y economía no encuentra punto de apoyo. Y si la economía continúa derrumbándose, la salud se verá más afectada. Al coronavirus se sumarán otros males que afectan a los grupos vulnerables.  Los recursos gubernamentales e internacionales son finitos, y se vuelve muy difícil sostener la situación.