Un estudio realizado por la agencia EFE en fechas recientes, lo ha confirmado: casi la mitad (el 49%) de los alimentos frescos de los mercados y supermercados, acaban en la basura. Entre los diferentes productos, el desperdicio es más elevado en el caso de los pescados, pero también en frutas como los melocotones, ciruelas, peras, etc.

Impresionantes datos

Los supermercados en España desperdician cantidades alarmantes de alimentos frescos cada año, en torno a los 128 millones de kilos. ¿Qué ocurre con todos estos productos? El 49% acaba en la basura, un 27% se recicla de alguna forma, y solo un 24% se destina a entidades de ayuda social.

Por sectores de alimentos, el pescado es el que más desperdicio medio tiene, seguido de la carne y las frutas y verduras.

El desperdicio de alimentos frescos tiene lugar en todas las fases de la cadena alimentaria, partiendo de la producción agrícola y hasta el consumo final. No obstante, el mayor porcentaje se produce en el hogar (más de un 50%) y en las cadenas de procesamiento (casi un 20%).

Algunos datos del Ministerio de Agricultura español (MAPA) nos indican que, durante el periodo comprendido entre octubre de 2015 y septiembre de 2016, en el cómputo global de los hogares españoles se tiró a la basura más de 1.245 kilos de alimentos que podrían ser consumidos.

En marzo del año pasado 2017 se volvió a realizar el estudio, y había un descenso del 1.1% en los alimentos arrojados a la basura, en el período anual inmediatamente anterior.

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¿Soluciones a estos desperdicios?

Entre las posibles salidas o soluciones a estos géneros, se habla de incrementar la donación a entidades sociales del ámbito local de los supermercados y establecimientos. Se trataría, por tanto, de entregar pequeñas cantidades que se distribuirían de una forma rápida. Hay que recordar que las donaciones a los bancos de alimentos tardan mucho en llegar a los posibles consumidores finales.

En el análisis de otras opciones, estaría la derivación de una buena parte de este tipo de residuos alimenticios a la producción de alimentos para animales, fabricación de conservas y mermeladas, la industria del biogás o compost, e incluso para el sector cosmético y farmacéutico.

Para empezar a reducir el desperdicio de alimentos en tu restaurante, es muy importante tener consciencia de lo que realmente se va a consumir, así como considerar las fechas de caducidad y de consumo preferente, congelar aquello que no se vaya a consumir y seguir las recomendaciones de conservación de cada alimento.

El aspecto estacional de los desperdicios

¿En qué época del año es mayor el desperdicio de alimentos? Sobre todo, en primavera y verano, debido al incremento de las temperaturas. Cuando llega el calor, no es nada fácil vender determinado género (frutas y pescado principalmente) en un punto justo de maduración.

Datos a nivel mundial

En lo que respecta a la problemática de los alimentos frescos en todo el mundo, SAVE FOOD es una iniciativa a nivel internacional, que evalúa la pérdida de alimentos frescos y su desperdicio.

Los datos de esta campaña a nivel mundial también son preocupantes: la tercera parte de la producción de alimentos cuyo destino era el consumo humano, se pierde o desperdicia en todo el mundo. En cifras, hablamos de cerca de 1.300 millones de toneladas.

La consecuencia de este enorme desperdicio, es que una buena parte de los recursos que se han utilizado para producir estos alimentos no han servido para nada. Entre otras cosas, hay que recordar las nocivas emisiones de gases de efecto invernadero; se ha estimado que, por cada kilo de alimento producido, aproximadamente se arroja al medio ambiente, a la atmósfera, 4,5 kg de dióxido de carbono (CO2). El agua potable consumido y perdido sería otro efecto negativo de estos desperdicios.

En el ámbito de la Unión Europea, cada año son desperdiciadas en torno a las 88 toneladas de alimentos. Por ello, ya se están proponiendo algunas medidas importantes desde el Parlamento Europeo, para reducir estos niveles, en un 30% para 2025 y en un 50% para 2030.

Ya hay una importante resolución del Parlamento Europeo en el sentido de regular el desperdicio de alimentos. Según esta normativa, el concepto de desperdicio alimentario sería el siguiente: “el conjunto de productos alimenticios descartados de la cadena agroalimentaria por razones económicas, estéticas o por la proximidad de la fecha de caducidad, pero que siguen siendo perfectamente comestibles y adecuados para el consumo humano y que, a falta de posibles usos alternativos, terminan eliminados como residuos”.

La otra cara de la moneda de estos datos de desperdicio es la de las personas necesitadas. Datos de Eurostat confirman que casi un 10% de la población europea no se puede permitir adquirir comida de calidad cada dos días. Sin embargo, se estima que una persona que vive en Europa tira a la basura 173 kilos de alimentos al año, en promedio.