El proceso de cocinado de la carne de caza comienza antes del momento mismo de la cocción. Es necesario tratarla adecuadamente para aprovechar todo su potencial de sabor y consistencia. De lo contrario, el plato puede ser un fracaso.
La carne de caza tiene algo especial. Sabor más intenso, textura diferente y, sobre todo, un proceso previo que no se parece en nada al de la carne que compras en el supermercado. Aquí no vale con abrir el paquete y listo. Si no se trata bien desde el principio, el resultado puede ser duro, seco o incluso desagradable.
La carne de caza es diferente de la que se compra en un frigorífico o criadero. Es carne de animales silvestres, que viven en libertad. Se han alimentado de pura naturaleza, sin raciones, sin preparados especiales y no han recibido vacunas ni ningún producto químico.
Normalmente estos animales han pasado la vida desplazándose de un lugar a otro y han sobrevivido a depredadores (excepto a los humanos que los han cazado).
Toda la vida de estos animales ha sido diferente a la de un animal de corral. Los expertos en psicología animal afirman que estos animales crecen sin estrés, pues viven en su estado más puro, sus hábitats son totalmente naturales. Estas condiciones de vida determinan su carne: sabe diferente y la textura es también distinta.
Pero el hombre es animal de costumbres, y su paladar está habituado a determinadas formas de comer. Por eso, es necesario tratar la carne de caza para acondicionarla al gusto de los comensales.
Tabla de contenidos
Tipos de carne de caza
La carne de caza procede de dos tipos de animales diferentes: los de pelo y los de pluma. Cada uno tiene sus características propias, reflejo de su naturaleza, tamaño y estilo de vida.

¿Cuáles son las características de estos dos grandes grupos?
- Carne de caza de animales de pelo. En este grupo se encuentran los animales de caza mayor (jabalí, corzo, venado) y los de caza menor (liebre, conejo de campo).
- Carne de caza de animales de pluma. Son aves. Algunas viven en la tierra, como la perdiz, la codorniz, la paloma torcaz o la becada). Otras son de agua, como el pato salvaje, gaviota, etc. Y hay un grupo de animales de pluma de montaña, en el que se encuentran el urogallo, el gallo silvestre y la perdiz de los Alpes.
Como ocurre con tantos productos que se usan en la cocina, la naturaleza es una gran proveedora. La diversidad de especies es una nota destacada. Solo hace falta saber tratarlas; a continuación, ofrecemos algunas sugerencias.
Secretos de la carne de caza menor
Estos pequeños animales bien tratados y elaborados se vuelven bocados exquisitos, casi sofisticados. Cuando un comensal encuentra en la carta perdices, faisanes, codornices, patos o chorlitos, seguramente elegirá el plato. ¿Cómo se trata la carne de caza menor antes de cocinarla?
- La primera cuestión importante es el traslado desde el lugar de la caza hasta el restaurante. Debe estar siempre en contacto con el aire, sin bolsas de nailon ni plásticos. Estas carnes sudan y pueden fermentar. El mejor método es mantenerla colgada y aireándose.
- Se debe preservar el ave sin vísceras pero con sus plumas hasta el momento de cocinarla. Después de muerta, es conveniente que el ave permanezca en refrigeración durante dos o tres días, con sus plumas.
- La leche contribuye a ablandar la carne y a quitarle el olor y el gusto fuertes. Es el caso de la liebre salvaje, por ejemplo. Basta con sumergir la pieza en leche durante la noche previa a la cocción y el proceso estará listo. La leche se descarta y se trabaja con la receta de preferencia del cocinero.
- Esta carne de caza menor se cocina braseada, guisada o en escabeche. Los tres métodos funcionan muy bien y tienen diferentes estrategias para su preparación. Sea cual sea el sistema de cocción elegido, es importante aromatizar la carne para atemperar su sabor demasiado marcado sin que se pierda del todo. El vino y las hierbas aromáticas son los mejores aliados.
Especialmente si se trata de carnes braceadas, las guarniciones son fundamentales. La guarnición debe complementar el sabor. La sugerencia es pensar en guarniciones ligeras, tipo compotas o salteados de frutas o verduras. La carne de caza es un plus para todo restaurante, que puede marcar la diferencia.
Conclusión
Tratar bien la carne de caza no es complicado, pero sí requiere atención. Sangrado, maduración, limpieza, corte, marinado… todo suma.
Si haces bien estos pasos, el resultado cambia por completo. Pasa de ser una carne difícil a un producto espectacular. Y lo mejor es que, una vez le coges el truco, todo fluye bastante más rápido.
No hace falta ser chef. Solo entender el proceso y respetarlo un poco.
¿Cuánto tiempo hay que dejar madurar la carne de caza antes de cocinarla?
Depende bastante del tipo de animal y del tamaño de la pieza. No es lo mismo un conejo que un ciervo. En general, las piezas pequeñas pueden necesitar entre 2 y 3 días, mientras que las más grandes pueden requerir hasta una semana.
Lo importante es mantenerla en un lugar fresco (entre 2 y 5 ºC) y con buena ventilación. Si te pasas de tiempo o no controlas bien la temperatura, la carne puede estropearse. Pero si se hace bien, notarás que queda mucho más tierna y sabrosa.
¿Es obligatorio marinar la carne de caza?
No es obligatorio, pero sí muy recomendable en muchos casos. Sobre todo con carnes más fuertes como el jabalí o el venado, donde el marinado ayuda a suavizar el sabor y mejorar la textura.
Si la pieza es joven o de sabor más suave, puedes saltarte este paso. Aun así, un buen marinado con vino, hierbas y especias suele mejorar bastante el resultado final. Es uno de esos trucos que marcan diferencia sin complicarte demasiado.
¿Se puede cocinar la carne de caza poco hecha?
Aquí hay que tener cuidado. A diferencia de otras carnes, la de caza puede presentar más riesgos si no ha pasado controles sanitarios estrictos. Por eso, en muchos casos se recomienda cocinarla bien, especialmente el jabalí.
Si sabes que la carne es segura y de procedencia controlada, algunas piezas (como el lomo de venado) se pueden dejar más rosadas. Pero si tienes dudas, mejor asegurarte de que esté bien cocinada. Es una cuestión de seguridad, más que de gusto.