La compra del equipamiento hostelero para un establecimiento de hostelería conlleva gran responsabilidad y cierta tensión. No se trata únicamente de elegir maquinaria, mobiliario o utensilios.  

Exige anticipar cómo cada decisión de compra impactará en la vida del negocio, en el confort de los clientes, en la productividad, en la eficiencia del personal, en la imagen del local.

En esa fase de compra, el encargado se mueve entre la presión de que la inversión sea redituable, que lo que compra sea útil y necesario para el negocio y que la calidad justifique el gasto.

El encargado de las compras sabe que sus decisiones son clave para el éxito del establecimiento. Cálculos, conocimientos técnicos y cierta emoción se mezclan en cada elección.

Planificar la compra a partir de las necesidades reales del establecimiento es el primer paso para una compra eficiente. Evaluar proveedores, comparar precios, analizar garantías, servicio técnico, disponibilidad de repuestos, son aspectos fundamentales para la toma de decisiones.

Anticipar problemas ayuda a evitarlos. Por esta razón cuando se asume el proceso de invertir en equipamiento, es muy importante conocer los errores más comunes. Estos errores pueden perjudicar la necesaria relación entre inversión, eficiencia y rentabilidad.

¿Cuáles son los errores más comunes en la compra del equipamiento hostelero?

No hay dudas de que la rentabilidad es un criterio que sostiene cada decisión. La meta de un negocio hostelero es ganar dinero, y para eso se necesita invertir. La inversión solo se justifica si produce ganancias.

¿Cuáles son los errores más frecuentes al comprar el equipamiento?

Atender a la urgencia

La urgencia no es buen criterio para una decisión de compra cuando es el que predomina. Cuando el encargado se deja llevar por la presión del tiempo y busca una solución rápida e inmediata, suele dejar de lado el análisis de otros factores que impactan en la durabilidad, el consumo energético, el mantenimiento, por ejemplo.

El riesgo de actuar solo por la urgencia del corto plazo es que se compran equipos que no se ajustan a las necesidades reales, que generan costes que no son evidentes o que son incómodos para el personal.

La visión del futuro se nubla. No se consideran aspectos como la eficiencia energética, las instalaciones disponibles, los desperdicios, la incidencia en la satisfacción de los clientes, el impacto en el servicio.

Maquinaria de cocina

La elección de equipamiento debe ser planificada a partir del análisis previo de las necesidades del negocio, de los recursos disponibles y de la normativa legal. El encargado debe tener una mirada de futuro que considere la sostenibilidad tanto del equipo que se compra como del negocio.

Priorizar precio sobre calidad

Cuando hay que comprar equipamiento, el dinero siempre pesa mucho. El presupuesto es limitado y constantemente aparecen necesidades. Sin embargo, priorizar el precio por encima de la calidad es un gran error.

En un primer momento, elegir la opción más económica puede parecer una decisión conveniente especialmente en proyectos que comienzan o en etapas del desarrollo del negocio que exigen economía de costes.

Sin embargo, las consecuencias de una decisión que se basa en el menor coste pueden ser muy negativas y, a la larga, se terminaría pagando más. La razón es clara. El equipamiento hostelero está sometido a un uso intensivo y continuo. Cocinas, hornos, máquinas de frío, lavavajillas, deben soportar ritmos de trabajo elevados.

Cuando los equipos no tienen la calidad adecuada, se desgastan rápidamente, aparecen averías con frecuencia. Las máquinas de mayor calidad integran mecanismos para un uso eficiente de la energía. Las de calidad inferior, muchas veces no tienen esta tecnología. La consecuencia inmediata es que se incrementan los costes en reparaciones y sustitución de máquinas.

Pero también pueden producirse interrupciones y otras afectaciones del servicio. Retrasos en la cocina y problemas de organización del trabajo ocasionarán una mala experiencia para los clientes.

El equipamiento de baja calidad reduce gastos, pero puede afectar al trabajo del equipo humano e incluso provocar problemas con la organización del trabajo. La inversión inicial se vuelve dinero mal gastado, recurso desaprovechado.

Omitir controlar la seguridad y la ergonomía del equipamiento

No prestar atención a la seguridad y la ergonomía del equipamiento hostelero es un error que suele surgir de la ansiedad y el apuro por concretar la compra. El encargado se centra en otros aspectos del equipo, como la potencia, la rapidez de entrega, el precio.

En esa situación de decisiones bajo presión, se puede olvidar algunas condiciones del equipo que son fundamentales: que el equipo sea seguro para quienes lo usarán y que permita integrarlo a la rutina con comodidad.

El error de no preocuparse por la ergonomía puede quebrantar el flujo de trabajo provocando incomodidad física o fatiga, lo que redunda en un descenso de la productividad y de la motivación y disposición de los empleados.

Por su parte, una máquina que no es segura expone a riesgos de accidentes. La integridad de los trabajadores y la continuidad de servicio son esenciales para el negocio.

La seguridad y la ergonomía no son detalles secundarios. Son criterios imprescindibles que contribuyen a que la inversión sea rentable a largo plazo.

Desconocer las condiciones del servicio de mantenimiento y de soporte técnico

Un establecimiento hostelero depende de que su equipamiento funcione sin interrupciones. Cuando se compran equipos que tienen garantías confiables de servicio técnico y de mantenimiento, se protege la inversión.

La falta de técnicos especializados en cercanías o de repuestos, puede provocar que las averías se conviertan en interrupciones prolongadas. Habrá equipos fuera de servicio que impedirán que se atienda a los clientes en condiciones óptimas.

Cuando no existe un servicio eficiente de post venta, los problemas en el equipamiento se traducen en pérdidas económicas por reducción de la capacidad de producción, pérdidas de clientes, afectaciones del servicio.

A esto se suman las pérdidas de productos, si el desperfecto impide el funcionamiento de cámaras de frío, por ejemplo. En áreas críticas como seguridad alimentaria, instalaciones eléctricas y sistemas de climatización, se puede perjudicar la reputación del establecimiento.

Comprar para el presente sin pensar en el futuro del establecimiento

Es cierto que nadie tiene asegurado el futuro deseado. Pero seguramente, todo restaurador tenga aspiraciones y planes para su establecimiento. La compra de equipamiento tiene que resultar en una inversión estratégica que tenga en cuenta la proyección a largo plazo.

Cuando la decisión de compra se basa solo en las necesidades del momento, se corre el riesgo de que los equipos no se adapten al crecimiento del negocio. El establecimiento no logrará atender al aumento de clientes o a los cambios proyectados.

Pensar en el futuro implica evaluar la durabilidad y la capacidad de acompañar el desarrollo del establecimiento. De lo contrario, será necesario repetir la compra y, por lo tanto, el gasto.

Comprar equipamiento es una gran experiencia para el restaurador. Pero es una tarea en la que hay mucho en juego. Planificar, investigar, consultar proveedores y opiniones de colegas son caminos que reducen riesgos de una inversión fallida.

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